Delante de una estantería de vinos, la etiqueta es la única pista que tienes. El problema es que mezcla datos obligatorios, términos de márketing y menciones que no siempre se entienden. La buena noticia es que con cinco o seis conceptos ya puedes saber bastante bien qué hay dentro de la botella.
El nombre del vino y de la bodega
Suele ser lo más grande de la etiqueta. Puede ser el nombre de la bodega, de una finca o de una marca propia del vino. Fíjate en quién lo ha elaborado: la mención «embotellado en bodega» o «embotellado en la propiedad» indica que el propio productor lo ha hecho y embotellado, y no un tercero.
La añada
Es el año de la cosecha de la uva, no el año en que se embotelló. Un vino más nuevo no es mejor ni peor por sí mismo. Los blancos, los rosados y los tintos jóvenes están pensados para beberse pronto. Los reservas y gran reservas aguantan más años en botella. Si no figura la añada, normalmente es una mezcla de cosechas, como ocurre con muchos espumosos.
La denominación de origen
Indica de dónde viene la uva y bajo qué normas se ha elaborado el vino. Verás siglas como DO (denominación de origen), DOCa o DOQ (calificada, como Rioja o Priorat), AOC o AOP en Francia, o IGP y vino de la tierra, que son zonas más amplias y con reglas más flexibles. Una denominación es una garantía de origen y de estilo, pero no lo es de calidad por sí sola: hay vinos excelentes fuera de las DO y vinos flojos dentro.
La variedad de uva
Cuando la etiqueta dice garnacha, tempranillo o chardonnay, normalmente el vino contiene al menos un 85 % de esa uva. Si no aparece ninguna variedad, manda la denominación, y conviene conocer las variedades habituales de la zona.
La crianza
Palabras como joven, crianza, reserva o gran reserva explican cuánto tiempo ha envejecido el vino antes de salir al mercado y cuánto de ese tiempo ha pasado en barrica de roble. En líneas generales, cuanto más tiempo, más notas de madera, vainilla y especias, y menos fruta fresca. Cada denominación puede ser más exigente que la norma general, y en este artículo explicamos las diferencias con más detalle.
La graduación y el volumen
La graduación se mide en % vol. Un vino de 11,5 % suele ser más ligero y fresco. Uno de 14,5 % suele ser más corpulento y cálido en boca. La botella estándar es de 75 cl, pero también encontrarás medias botellas y magnums.
Sulfitos y alérgenos
La frase «contiene sulfitos» aparece en casi todas las botellas porque el dióxido de azufre se forma de manera natural en la fermentación y, además, la bodega puede añadir un poco para conservar el vino. Está obligada a indicarlo a partir de 10 mg por litro.
La contraetiqueta, la otra cara de la etiqueta del vino
Aquí suele ir la nota de cata, la temperatura de servicio y alguna sugerencia de maridaje. Es la parte más útil para decidir si el vino te gustará, y la que casi nadie lee.
Si quieres ir más rápido, puedes probar nuestro sommelier virtual o mirar todo el catálogo, donde cada vino tiene su ficha con denominación, variedad, añada y crianza bien visibles.
Con estos conceptos, leer la etiqueta del vino deja de ser un problema: en un minuto sabrás de dónde viene, cuánto tiempo ha envejecido y qué puedes esperar.


